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10 - Una palabra profética

La palabra política hace depender su futuro de la reiteración de lo ya dicho, ya que el pasado devuelve las preguntas como respuestas.

Ninguna estrategia  política está a salvo de la palabra unívoca que se espeja en sí misma, pues ya ha agotado sus respuestas para salvaguardar su propia herencia. La palabra en Política es política de la palabra, una clausura que no permite el pasaje liberador hacia algo que no cabe esperar, hacia algo que nos sorprenda, y no seguir pensando acerca de qué verdades”debemos” sostener. En este nuestro mundo de la cantidad, de la identidad de la copia, de la espontaneidad dormida, de la palabra agotada, de la parodia política, de nuestro propio olvido de lo que olvidamos, se necesita una palabra casi profética que interrumpa el curso de la repetición, que anuncie, que señale lo que aún no ha sido enunciado, el milagro de una palabra entre la sorpresa y el riesgo, que abra, que espere, que ame la ignorancia del porvenir, que atienda el asombro de lo inesperado

 Hoy el lenguaje de la Política se mira a sí mismo anclado en el vacío de la ley y manifiesta su última etapa, la parodia. El desgobierno y los desgobernados cuelgan como títeres del mismo poder. Casi todos los países atravesamos historias parecidas donde  la impudicia del poder y la inanidad del  no-poder son los motores que las estratifican, que las clonan. La ausencia de profundidad de sentido de la Política no es más que la falta de sentido para la profundidad en que la Política está anclada. Hoy es el territorio de la gestualidad absoluta, no produce, no actúa, exhibe su puro gesto. Su mímica vacía. El gesto es nada más que mediador,  simplemente evidencia de lo que es, comunicación de una comunicabilidad que no tiene nada que decir. Es la sociedad del espectáculo donde todas las identidades se fusionan y se disuelven en la gran parodia de la sociedad sin clases. El estado forma parte de “su” espectáculo donde la comunicación se ha prostituido. Es solo demagogia y política de adormecimiento

El hombre habita la posibilidad de su libre decisión solo cuando vive la existencia como experiencia de libertad. Sufre el asedio de la necesidad, pero puede elegir entre no ceder ciegamente o adaptarse a su propia representación. Libertad o esclavitud. Nace a-político, la Política brota en el entre los hombres, trata del estar juntos los diversos

Comprender no es comprenderse como individuo sino mirar el mismo mundo desde la posición del otro

El estado actual del mundo es una guerra civil: es la guerra intestina de una ciudadanía que se despliega hasta los límites del mundo y de sus principios. Lo que hace que el poder se sostenga es que induce placer, forma saber, produce discursos. Es una red productiva que pasa a través de todo el cuerpo social

El discurso racional que habitamos, prisión de mandatos velados, nos identifica, nos dicta, nos provee la máscara y nos representa. Estamos mediados por nosotros mismos. El discurso de poder no es poroso, es impermeable, circular, tautológico; lo dice quien lo detenta, no tiene sombra, es la sombra. Hoy impera la estrategia creadora de relatos e ilusiones. Todos los discursos son iguales de verdaderos. Van suturando los huecos de sentido pero no son índice de verdad. Lo que sí tienen es un efecto de verdad que obnubila la libertad personal y empuja al gregarismo. La Política adopta el carácter de ser más verdadera cuanto más exhibe el hecho de ser ficción. Mientras, las críticas al poder se texturizan todo el tiempo, se adensan, abren nuevos espacios que a su vez se multiplican en espacios de poder. El discurso crítico del poder aún no ha alcanzado ese tramo de silencio necesario para que deje de anclarse en la obstinación. La escritura crítica del poder a veces esconde entre líneas vestigios de la propia sombra del que escribe, que irradian a su pesar y se puede percibir un empoderamiento de la palabra que va espejando lo mismo que se quiere descalificar

Las democracias consideran a los ciudadanos terroristas virtuales y olvidan a los callados pero su silencio sigue retumbando por lo bajo como un resto, una plegaria profana que habita bajo tierra. En tanto, se han convertido en estados de excepción, como momentos del derecho donde se suspende el derecho para garantizar su continuidad e incluso su existencia. Estado de excepción, ese afuera que fija y determina las condiciones de un adentro, que surge en oposición directa a toda forma de despolitización, lo que soslaya  toda forma de representación política, la gran forma legal de lo que no puede tener forma legal porque es incluido en la legalidad a través de su exclusión. Forma permanente y paradigmática de “gobierno”, es la regla donde la vida desnuda es la única forma de vivir aceptada, solo cuerpo  vivo: el ser humano despojado de su condición de sujeto

Si bien todo el sentido se encuentra en estado de abandono, tenemos “ese sentido”, que vivimos de esto mismo, de estar expuestos a ese abandono. El fin del sentido del mundo es el fin del mundo del sentido. Hoy el sentido pasa por encima del agotamiento de la significación y sitúa al pensamiento en el límite de un sentido sin significado. Comprender el presente significa examinar y soportar la carga de nuestro siglo y no negar su existencia ni someterse mansamente a su peso

Ya no se escucha hablar más de la “soberanía del pueblo” y hasta el mismo pueblo la ha resignado, ha perdido su referente más preciado, ha sido vaciado de contenido y es hoy nada más que el soporte hueco de la identidad estatal y solo adquiere importancia si es recodificado en ella. Convivir no está basado en principios identificatorios en común sino en la posibilidad de hacerlo en la alteridad y en la apertura a lo otro. Por eso el término acuñado por Agamben, lo (im)político apunta no a rechazar la Politica  sino a afirmar que  es la mirada misma de la Política y de la comunidad de sus bordes, la comunidad de la periferia. No hace otra cosa que demostrarle a la comunidad política la finitud de sus límites, ya que su fundación arrastra siempre la eliminación de la diferencia.

La comunidad de lo (im)político: ser-en común, ser-con-el-otro, es ser en la ausencia, negando toda exclusión, asentarse en un espacio vacío propicio a la inclusión de la diferencia y a la convivencia con el otro

Hay exigencias éticas eternas que no pueden pasarse por alto sin dañar al hombre, al prójimo, ese que se hace ver para que yo lo reconozca en su alteridad

Entrar en contacto con la realidad vivida sin que medie la reflexión no es sino nostalgia del paraíso perdido

 

Pensar nunca es de una vez por todas. La repetición vive de lo establecido y lo establecido de la repetición. Por eso pensar requiere siempre desacomodarse, des- acondicionarse y exige una mirada escéptica hacia nuestras propias opiniones

  

2016