
Lo que hay de trágico en ser es precisamente su simple cualidad de ser. Es la condición humana, es siempre inesperado e injustificable. No lo podemos integrar a un orden o legitimarlo. Está siempre ya – ahí. Está dado. Está ahí
La determinación principal es el ser que somos: somos el ser que somos. La persona no debe darse por sentada sino le sustraeríamos todo lo que hay de inesperado, de sorprendente, de gratuito en ella misma
Somos un acontecimiento que ha nacido del Azar. No hay nada en nosotros que no haya sido dado de entrada y de lo cual dependemos con una dependencia infinitamente más íntima y directa que la de la causalidad
Este irracionalismo nos lleva a esa sensación de incomprensible que nos asedia cuando nos encontramos frente a frente con la existencia en cuanto tal
Estamos instalados en un Hoy colmado de inquietud, un presente vacilante e incierto de un tiempo que se vive sin mañana, un futuro sustraído, apaciguado apenas por una esperanza vulnerable y vulnerada, en medio de un mundo sumergido en las turbias sombras políticas de una debacle ética y económica
En este paisaje del alma de nuestra civilización actual se extiende un arco semántico de emociones que vibran con infinitas modulaciones desde la angustia, el desamparo, la profunda pena por las pérdidas, el desasosiego, el miedo - y, sobre todo, en este tiempo en el que perdura aun la herida de la enorme fisura que la abdicación de Quien como garante de la vida eterna provocara - en un presente que da paso al abandono de la vida como sacrificio y a su innegable relación con el sentimiento trágico de la vida, tan negado y depreciado
Nuestra época ha roto radicalmente con la visión que ha marcado a Occidente, el sentimiento trágico de la vida, en su lugar, introyectó la angustia de morir que fue reemplazada por la angustia de vivir, una emoción relacionada con la endeblez del presente y la fragilidad de los vínculos. Hoy vivimos el olvido de lo Real, enorme zona de desacomodamiento que pulveriza ese mundo que tanto amamos y que nos distrae de la gravedad y el misterio de la vida
Enunciar lo trágico es casi un golpe brutal del lenguaje, el tema ha estado proscripto y lo sigue estando, y, aunque se pretende olvidarlo, el discurso que nos habita guarda su historia y emite resonancias para el imaginario social de todos los tiempos, y éste en especial
Vivir la cotidianidad implica deseos incolmables que fundan el más acá del hombre y su dolor inextricable. Su más allá habita la ausencia, la herida de donde provenimos, una codicia de sentido, aun en medio de un sin-sentido que es todo el sentido
La realidad está quebrada, lo Real es la llaga, y querer suturarla es abdicar del destino trágico que se filtra a través de las hendijas que olvidamos sellar. Es la herida que no cierra, es fatalmente ajena a cualquier intento de cuestionarla, un escándalo permanente que nuestra época vive aún sin remedio. Toda la existencia sirve a lo trágico aún bajo la búsqueda incansable por satisfacer nuestros deseos
Hubo y hay momentos donde nos obsesionamos con la idea de que ya no vivimos, sino que sobrevivimos, y eso conduce a la deshumanización del ser humano, pero también, al miedo que se hace más existencial y se vuelve reflexión sobre la existencia
Se duda de la capacidad de convivencia del género humano mermada por la violencia histórica y castigada por las nuevas formas de violencia social sin contar con las guerras entre etnias, los conflictos religiosos y los ataques terroristas
El ocaso de los grandes relatos y su consiguiente crisis de trascendencia, incrementa este sentimiento de vulnerabilidad, de intemperie, de parias ante el peligro
Lo que se cuestiona es el concepto mismo de historia en el sentido evolutivo moderno, la posibilidad de solventar los conflictos históricos amén de la violencia que sabemos consustancial al ser humano
Detrás de todo este panorama subyace el fin de una visión lineal y ascendente de la historia y de la falta de confianza en el progreso, en el mal uso de la tecnología, pero, pese a ello, aún persiste el firme propósito y la necesidad de seguir adelante, de enfrentar y afrontar la exuberancia del tiempo, de la creación, en un estado de desarraigo, de permanente inquietud, como un tajo en el devenir capaz de romper con la ilusión de la duración y de quebrantar la realidad en un presente vivo y abierto
El vacío de sentido (o ¿el sentido del vacío?) expone el sin-sentido de querer soslayar el dolor de la vida pero lo que hay de trágico en el hombre es simplemente su cualidad de ser, es la medida incontestable del ser huma
A pesar de la configuración galáctica social del universo, el ser humano está solo frente a otros humanos de los que no sabe nada y esa situación genera una gran desconfianza que siente amenazante para su supervivencia. Por otra parte, la ingravidez en el tiempo y el espacio que ya no puede controlar, su deambular por los no-lugares de la Modernidad en un espacio sin límites, el universo líquido que no le ofrece resistencia y en el que ya no se sitúa, hace de su mundo un objeto perdido y con él, la humanidad, una distancia que le permite la ruptura con este que no quiere ser
Por otra parte, la desregulación del sistema político lleva a una desintegración social, a una degradación de la democracia y a una des-fundamentación de los valores. Cuando el sistema se pervierte, los ciudadanos se ven contaminados por la corrupción generalizada, económica y moral, y eso repercute en las conductas y en los modos de vida. Así la política ya no acuerda con las demandas sociales, por tanto, el sistema implosiona y la disrupción conduce a la desregulación
Lo que hace un mundo sería una dinámica de singularidades. Pensar el cambio es pensar el mundo, transformarlo. Vemos como todo va cambiando e indudablemente estamos siendo testigos de la muerte lenta de una civilización, de una cultura, que no se deja aprehender sino como la del individuo, que no consigue nunca estar íntimamente convencido de su mortalidad. No obstante, la muerte de una civilización difiere del cese de una vida individual
En Marx la metamorfosis del mundo se transforma por sí misma convirtiéndose en inmanente al mundo. El individuo aparece como el modo acabado de la dinámica transformadora y, al fin, creadora del mundo
Hoy ya no hay verdad objetiva porque vivimos en una época de visibilización expandida, de una exposición saturada a todos los discursos, de interpretaciones y de re-interpretaciones. El sujeto vive en lo relativo, lo inmanente, lo ambivalente. Más que la verdad ontológica, lo que busca es la verdad del otro y la propia. Se ha instalado en los límites y allí vive, es su modus vivendi existencial, aunque inestable. También puede ser un modo de ser, una marca de identidad. Lo que podría aparecer como escondido, irrepresentable, se ha naturalizado y convertido en el marco de la búsqueda de la identidad porque ya nada delimita claramente lo que es bueno de lo que no
El mundo, nuestro mundo, se altera ante nuestros ojos: vive una transformación radical y puede ser irreversible
Este movimiento de transformación integral le da una oportunidad inesperada al pensamiento, a la filosofía, de reabrir el horizonte ontológico de lo político, no para volcarlo sobre sus antiguos fundamentos ontológicos sino para agilizar el ritmo del pensamiento sobre el mundo mediante una dinámica política
En la época del descrédito del proyecto de transformación del mundo - la época post - transformacionista, que es al mismo tiempo la época de una transformación quizá irreversible de nuestro mundo – la tarea es reafirmar la praxis transformadora de la filosofía allí donde las fuerzas omnívoras de la nueva reacción devoran cada día las fuerzas de transformación para someterlas a los imperativos de crecimiento que han comprometido la alteración de nuestro mundo.
La transformación de la transformación es nuestra más importante tarea filosófica y política
A propósito de estas líneas, es de vital importancia mencionar que nada hay más enredado para el ser humano que referirse a la realidad y admitir sin reservas los privilegios de lo real
Lo prueban las interpretaciones que ocultan el mundo en busca de sentido, de lo que realmente significa. Lo que lo real significa es nada o simplemente lo real mismo
Lo real es lo que se torna invisible
El gran hecho es el inacabamiento existencial de cada cosa, Nada se nos da de otra manera que en una especie de bruma, una penumbra donde se bosqueja lo inacabado, donde nada tiene ni plenitud de presencia, ni consumación total ni existencia plena, y, al ser invisible, es virtualmente temible, por eso frente a toda realidad desagradable hay una actitud de negación que conducirá a ese desasosiego universal frente a la realidad en sí, ya que esta es una concepción de la existencia que al ser en general le es completamente inasimilable pero especialmente al del discurso moral o religioso
Lo propio de lo real, de su aura trágica, es el hecho de ser siempre inadmisible e incomprensible en sí por el solo hecho de que es una única y misma cosa su ser y su absurdo, pero el carácter trágico de lo real, aún silenciado con varias estrategias, escapadas intelectuales o racionales, conscientes e inconscientes, es un conocimiento que se encuentra presente en la mayoría de los individuos y es necesario volverlo expresable para que el propio ser acepte el encuentro con lo más propio de sí, con lo real, con el acontecimiento inesperado que hace temblar la estabilidad de lo cotidiano y provoca la dehiscencia de todas nuestras realidades, de nuestros escudos ficcionales, teniendo en cuenta que lo dado del ser humano es diferente de lo dado del ser de las cosas porque la realidad humana no se puede confundir con la realidad del mundo
Somos eso que está ahí. Esto que somos es ese ahí, lo dado, una infracción absoluta a las ideas de causalidad y determinismo, su aniquilamiento refulgente, lo que hace estallar en pedazos nuestra idea de libertad No se presta a explicaciones discursivas, acontece en la conciencia
El error de los seres humanos es querer minimizar siempre la tragedia de lo real - siendo estos tiempos un emblema de tal actitud – exagerando las manifestaciones trágicas de sus sinsabores en lugar de remitirlos a la tragedia inmanente de toda realidad, o pretendiendo crear una realidad distinta que escape de las marcas de lo real reconstruyendo lo real a voluntad, considerando todas las cosas salvo el hecho que realmente importa. Se pretende refutar el Azar a causa de su carácter de Azar. La fatalidad irremisible de lo que acontece proviene de aquello que, como toda realidad, es sin causa
Todo lo real es ese real que está ahí, una evidencia trágica con la que nos enfrentamos siempre, no con un aspecto cruel de la realidad sino con el carácter siempre inextricable de lo real, cualquiera sea éste
Lo real no es la vida, ésta es solo una parte de aquél. Implica tanto la vida como la muerte, la no permanencia y desaparición de todas las cosas La comprensión trágica supone un tiempo inmóvil, detenido, no porque haya cesado de transcurrir sino porque perdió su virtud principal, la del consuelo, la de creernos las consideraciones explicativas e interpretativas que nos damos
La razón no puede explicar el acontecimiento más que con la complicidad del tiempo
El carácter y las pasiones son el lugar preciso de lo “dado”, aquello de lo cual procede todo, que a su vez no procede de nada. El fundamento del carácter de cada uno es puramente irracional como la pasión y lo que hay de más fundamental en los seres humanos es eso primero dado anterior a toda modificación por el medio ambiente o las circunstancias
No hay nada en el mundo que el hombre padezca más que la necesidad del ser que está ahí siempre dado de antemano sin causa y sin finalidad
La pasión, eviscerada toda explicación, sigue estando ahí, extraña, fascinante, arrojada al azar de la vida de los hombres, misteriosa e imprevisible como es
El punto clave de todo es que la intuición de lo dado se siente y se vive como una pasión, como sentimiento de ser uno mismo
La distancia frente a sí mismo hace que uno siga siendo extranjero frente a lo propiamente dado que uno es
El sentido es esa sorpresa interior que no es más que la incapacidad de saber acompañarse desde ese momento en el que uno se encuentra en sí mismo con algo dado que le es incomprensible y ajeno
El sentirse extranjero frente a sí mismo es ese atontamiento trágico, esa angustia insondable e irremediable frente al ser que uno es, que está allí sin razón, sin finalidad, ajeno al discurso que conocemos como puro dado gratuito e inútil
Si privamos al ser humano de toda razón - de - ser, le queda su propio ser y esto se traduce en una necesidad que no significa nada, es sin razón, sin finalidad, dada a priori. Por tanto, ¿qué otra forma hay más radical de necesidad que no sea la simple noción de existencia? Ya que la gran sorpresa originaria es la de la existencia
La aprehensión de lo que está dado, del propio ser es una pasión verdadera, vivida, en el fondo es la clave de todas las pasiones fuente de la angustia de todos los instantes, la pasión madre de la cual todas son el reflejo, el muro del ser, lo dado
En el crisol de las relaciones humanas es donde se configuran todas las representaciones de los valores a través de las que intentamos explicarnos a los otros, pero lo que es trágico es que esos modos de representación carecen de todo fundamento, no hay punto desde el que se pueda representar al ser humano
Cada uno tiene la exacta razón de su ser…un ser – ahí, una pura existencia irreductible a toda comprensión y a toda calificación de valor
Solo la ilusión desvaída nos enfrenta con el punto de vista trágico que es la negación de todo punto de vista. Es imposible circunscribir al ser humano a través de miradas que no nos informan nada ni nos explican nada
La tragedia de ser es que la persona es eso, ser, y fuera de eso, nada, no encontramos un punto de referencia para apreciarla porque no hay nada en ella que no sea puro porque es contingente y subjetivo en sí mismo
Lo trágico no aporta respuestas definitivas a la humanidad desengañada. No acepta interrogaciones porque no hace más que señalar la ausencia de respuesta y para siempre
Invaluables los aportes de Clément Rosset
Noviembre 2 de 2025