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1 - En las redes o enredados?

La libertad del ser humano hoy está inconcientemente cautiva de los múltiples condicionamientos de la época, de las ofertas al mejor impostor y, the last but not the least, de las redes sociales, donde vislumbramos lo que resta de una humanidad de cara al éxito, los brillos efímeros y la inmediatez de las gratificaciones.

Bajo una aparente atmósfera democrática de libertad e igualdad se camuflan micro células diferenciales que responden a códigos bastante obvios cuyo recurso es la cantidad que califica y aunque hay quienes se retraen y se quedan entre los intersticios del engranaje infinito de la red, igualmente siguen flotando en su construcción omnímoda. Se adaptan a las derivas del sistema  aceptando el amparo de lo conveniente y contribuyendo de esta forma a ser convencidos, convertidos y sumados. Se necesita una gran lucidez para evitar acomodarse en la trampa

Enunciados asertivos, o efectos de “verdad”  se entrelazan en un círculo vicioso con los mecanismos de poder que los hacen posible y nos conforman red. Hay quienes escriben con la obstinación del que no sabe y la ingenuidad del que cree saber, quienes piensan que todo es cognoscible y reducen el misterio a un criterio. Otros escriben sobre sí mismos - ¿egocelebridad? -  solapada o descaradamente como paso inexcusable para alcanzar renombre, la coronación del pertenecer.  En todo este maremagnum hay gente de valía que parecen no pertenecer, como si estuvieran de paso pero a veces ellos mismos juegan descarnadamente con el cinismo para poner de relieve la diferencia

La red social es el emblema de la banalidad, la entropía del asombro. Hay quienes la rescatan por la gran cantidad de “conocimiento” que baraja pero no hay conocimiento neutro sin relaciones de poder camufladas. Hay que permanecer muy cerca del lenguaje para oir el tintinear de las cadenas. Una de las críticas apela a la falta de contexto pero la influencia de unos sobre otros hace fatalmente de contexto, cuando no, la copia lisa y llana. Imaginamos las redes como espacios virtuales  homogéneos pero son como cristales rotos que refractan la realidad. Jugamos con el fuego digital, olvidando los otros fuegos abandonados en los márgenes. La cultura de las redes es polifónica y a veces cacofónica, oscilando entre el brillo esporádico y el aburrimiento, imponiendo una presencia virtual que cada uno asocia a sus constructos personales. La trivialidad es la condición de su existencia social ya que la profundidad  provocaría un desacomodamiento indeseable en la pertenencia

Cuando la técnica asume una forma de sentido universal, circunscribe toda una cultura, proyecta un mundo, pero no hay mundo en la red, la red es mundo y el sentido del mundo en la red es el mundo de sentido de la red, un mundo jaula.

La cantidad se ha erigido en el sumo Bien de las redes sociales y subsisten gracias a ella. Es su emblema, y la perversión de los recursos que utilizan para lograrla se oculta detrás de una aparente naturalidad y de un llamado a tener “mas” amigos. Este mecanismo va acompañado de estímulos –una manera de decir- que generan la adicción a los muchos, la necesidad del narciso sin lago que sea como sea quiere ver su rostro reflejado en todos los demás. Uno de esos recursos – el mas vil – entroniza el espionaje como una de las reglas de juego que por otra parte incentivan y justifican la tendencia voyerista presente en la naturaleza humana y “stalkear” que en un principio fue considerado una falta, cambió de signo y pasó a ser un método para lograr más seguidores. Al mismo tiempo una app vino en ayuda de los perseguidos- perseguidores para saber quiénes visitaban su sitio, fomentando de esta manera la desconfianza y la competencia salvaje. Un ejemplo de micromundo al que la gran mayoría de usuarios descalifcan, desde una crítica contundente o un discurso edulcorado, y al que sin embargo suscriben su pertenencia… En las redes o enredados?

Lo que realmente inquieta es la aceptación sumisa, la mansa entrega a los mandatos de las redes. No se trata de si  son buenas o no sino de lo que hacen con la gente o de lo que la gente permite que se haga con ella. Los metalenguajes en los últimos tiempos han diseminado discursos críticos sobre casi todo, ya son parte del sistema. En cambio las redes nos enredan con una seducción otra, es la nueva educación silenciosa que va programando la imposición de la máquina. Se inocula paulatinamente hasta que el virus se apodera definitivamente sin posibilidad de antídoto. Hay una especie de  - no diría inocencia- sino ingenuidad que es la que hace que el alma fugue y quiera suplantarse por esa cantidad que justamente es la saturación de lo deshabitado

Los CEO de las redes son una especie de educadores, se obedece sí o sí a sus imposiciones, siempre ganan. Aunque los usuarios se rebelen no logran nada más que afirmar su poder de convertirlos en carne de negocio que, por otra parte no es un secreto.

Hay algo que subyace entre los espacios de las redes pero nadie nota esa zona encriptada, territorio de lo porvenir, para lo que estamos siendo entrenados

En las redes o enredados?

 

El éxito sin cifras es una bendición. Esa información lleva a la indulgencia y al consentimiento que es lo opuesto de la creatividad

La hipocresía y la idealización zanjan todas las cuestiones. La franqueza las deja abiertas

2016