desplegar menu


3 - La pasión por la Cifra

El tiempo nos sorprende cambiando y cambiados aunque se arremolina en ciertas zonas que se resisten a su paso con ese aura de siempre que no se amilana ante el juego de las superficies y las referencias.

 El arte es negra luz que deshace el mundo, reconduciéndolo a un antaño jamás agotado

El arte está inmerso hoy en un clima de discusiones y debates acerca de su producción mientras la obra se asfixia bajo las capas de un sofisticado engranaje de intertextualidad que la desborda. Revisiones, re-visitaciones varias que citan al arte a través de complejos discursos que lo fragmentan y que  parecen ser solo propicios  para revalidar propuestas y ocupar el espacio vacío de la contemplación. Se simula un espíritu de vanguardia como un campo fértil para experimentar lo que no experimenta en la vida real. El truco de la  llamada vanguardia es simular una integración arte-vida pero que en realidad colabora para reforzar su distancia. Si bien el arte es la brecha más rica y profunda para penetrar en el sistema, sus gestos transgresores no lo hacen peligrar, son solo escarceos  que no logran representar al referente de turno. Si bien el arte sigue expandiéndose, crece mucho más su discurso 

 Son tiempos menesterosos que piden  una contínua legitimación y reacomodamiento del arte, quizá porque se olvidó el silencio. Al artista se le pide someterse al curador, el galerista se somete al Mercado, al igual que los medios, el público concurre a las muestras “ya curado” y en medio de toda esta “normalidad” la obra vacila  en medio de la ausencia del contemplador no sometido, el que verdaderamente la hace existir.  Este ruido sobre el arte se ha sumado al hoy inevitable ruido del mundo bloqueando ese silencio necesario a la contemplación, que se sustrae fatalmente a todas las voces.

El arte es solo la aparición de lo ininterpretable, el enigma de lo que no representa. Nunca va a coincidir  con la medida de lo que se interpreta . El espectador “acrítico” que visita una exhibición puede hacer del silencio una experiencia singular frente a eso otro que lo convoca y atrae. Ese transeúnte de la imagen cuenta con sus propios recursos y no es una materia maleable para moldear a gusto

El amor secreto por lo inútil no es un privilegio de artistas o letrados. Es la huella del yo primitivo que perdura en el cuerpo de cada uno.

 El hombre es un eterno hambriento de poesía

 Multitudes acuden a las variadas convocatorias "quehayquever". Se lee lo que se exhibe y a continuación se va a ver lo que se leyó. Trámite sencillo para "entender" qué quiere decir la obra de arte que justamente habló, habla y hablará de lo que no sabe. Es toda una experiencia observar en las exhibiciones  los gestos de "contemplación" absolutamente pautados por las manieras contemporáneas. La obra como acceso a ese exceso de sí misma pasa a ser un mero link para la que sigue. Hay excepciones, claro que las hay,  miradas que aún centellean y rescatan a las obras de la fatal ceguera de los ojos desahuciados, de las retinas percudidas que confunden lo nuevo con la novedad, lo extravagante con la epifanía, la promoción con la llegada.

La obra de arte es inaccessible para el pensamiento del contemplador, pero esa inaccesibilidad es lo que contiene la marca mas plena del hombre. La obra duerme en su propio ocio ajena a cualquier deseo de posesión, cerrada sobre sí misma, indisponible. La creación es solo la exigencia misma del arte que viene por su hacedor. Implica una salida total hacia un Afuera, un salto a la otra orilla, donde el artista se vuelve un extranjero absoluto, un exiliado sin mas patria que su hacer que actúa desde su profunda libertad interior, sin imponer premisas. No podría. Es una cesura en el tiempo que impide que el antes y el después se igualen. Es un aquí y un ahora, un presente eterno, un todo-el tiempo. Un temblor del tiempo.

 Si llegamos a plantearnos el pensar sin pensamientos, por qué no la obra como su aparecer, su surgimiento? Hoy que llegamos a la recta final de pensar lo impensable, se sigue buscando en las obras lo referencial. Se pretende darles un significado, anularlas, ya que el arte habla de todo lo que no se puede decir, no busca ser explicado, sino respetado como misterio, como lo que es.

El arte es el mayor triunfo. Habla siempre de lo mismo, de la obstinación de lo impenetrable, de lo que nos es siempre ajeno, de su irreductible densidad. Se sigue ignorando  la riqueza de su fondo, pero el  arte continúa creando y revelando mundos impensados aunque reboten en los párpados.

Resistimos la escritura, la poesía, las puestas,  ese fondo mudo de las obras y nos aferramos a la representación. Miramos y no vemos.

Frente a una obra deberíamos ser un ojo ciego que ve más allá de lo que mira.

Todo decir cava el hueco de lo que calla. El arte es el único que trasciende lo que puede ser dicho su promesa de felicidad o lo contrario de la infelicidad, su único requisito es que la obra pueda sostenerse sola.

Crear es atreverse a comentar el Misterio. Morir cada vez. renacer en cada intento. Es la emoción de la incertidumbre, la pasión de la Cifra, un acto de desmesura


 2016