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6 - Insinuaciones de la Poesía

La poesía siempre fue escrita para todos. Un solo instante pleno del poeta postula una eternidad que nos incluye sin exclusión.

Heredera de la tierra, la poesía es esa noche ignorada de los tiempos que sigue latiendo, raíces sonoras del fondo de lo que somos. Nos traslada a un paisaje callado que murmura sin cesar que podemos estar en el mundo como agua en el agua.

El poeta no es fiel a lo que cree conocer, es fiel a lo que no sabe. No escribe para decir lo que sabe sino para llegar a saber lo que quiere decir.

La poesía no es saber, o, en todo caso, es un saber desde nadie, es inocencia, hálito de terra incognita, la del alba de todos los instantes. Escritura del deseo, escritura blanca sin argumento, sin huella, la poesía vive de la falta, de la lucidez desapegada de todo. Solo la precariedad puede conceder el éxtasis. Los verdaderos cielos vacíos,

El poeta es el de antes de la palabra “poeta”, la poesía es la de antes de la palabra “poesía”,

Enigma irreductible, intransferible, revulsivo, intenso, conflictivo, penumbroso, indoblegable, un tajo en el discurso del mundo, la sombra que viene a desmentirnos y nos abre las puertas de lo imprevisible.  Piel del Afuera: roza la puerta que no tiene puerta de una intemperie eterna.

El poeta desafía a la palabra cansada en la espera obstinada de la epifanía, en la trashumancia del verbo, en el eco de la respiración. La poesía inscribe en el lenguaje una diferencia extrema y una indiferencia extrema a su largo trabajo de significar

La enunciación poética es el gesto puro de la lejanía, el vértigo del verbo aconteciendo y manifestando solo la insinuación de una ausencia que deja transparentar en el lenguaje lo que dice sin dejarse ver

La poesía surge en medio de la mirada desapegada de las costumbres del día, transgrede, socava, desnuda las desmesuras de lo cotidiano y se burla del tiempo liso de los relojes. Escándalo del lenguaje, un pliegue de rebeldía en el discurso, una ablación de las referencias. Aventura nocturna de un impoder que se cuela en medio del poder del lenguaje, de todo el poder del mundo, instante desnudo en medio de este tiempo abrumado de todo y de nada.

Palabra no domesticada por el pensamiento, palabra enigma, oráculo, camino inacabado. Palabra nacida más que pensada, venida de un lejos, hallada en un claro, tiniebla iluminada que conserva la raíz de la noche. Palabra acorralada, escombro, recorte, desperdicio. Calvario de la letra. Vía crucis del poema.

Aurora que al consumirse permite su constante aparecer

La ruta del silencio es la ruta del poema que dice lo callado y acalla lo dicho en medio de la soberbia del mundo y de la insolencia de la costumbre, un umbral entre un mundo en exceso y un exceso de mundo, un camino sin camino hacia un fondo sin fondo, a la vera de su precaria cotidianidad. Es la voz que despierta, el ahondamiento de un estrépito que obliga a la palabra y nos obliga. Trueno y relámpago

Ruta del silencio. Río de fuego donde se queman las palabras y acontece el poema. Una flor de la ceniza

En la poesía el lenguaje encuentra su camino de regreso a sí, a lo que es. Recupera la magia del acontecer, el aparecer de lo inaccesible, la revelación d su in-existir ante el poema, de su misma indigencia. Cuando las palabras ya no significan nada comienza lo inexplicable, lo intraducible y único por primera vez, el hacerse del poema, el kairós del lenguaje

Poesía dice el decir más de un más-que-decir y también el no-más-decir

El mundo se ha vuelto demasiado. El lenguaje le cose la realidad y la poesía rasga sus costuras. Jamás un poema podrá ser alcanzado por el pensamiento, solo puede ocurrir en su indigencia, a punto de naufragio. La poesía habita un estado de no-lenguaje. Es el eclipse del discurso. Es la palabra liberada de la fisura que nos separa de las cosas, anula el mundo pegado al lenguaje, nos da vuelta el espejo, de cara al azogue, un viaje de la incandescencia, los signos a punto de ceniza

Levedad de la palabra recién nacida, sin carga, sin peso, sin adentro. Palabra ingrávida en un fuego encendida, la poesía se dice  cuando el fuego ronda el aire y el silencio arde por decirse,

Hiato de la ilusión, pathos de la distancia, la palabra realmente deseada es la que huye en el viento.

Mientras el hombre avanza, la poesía retrocede desmintiéndolo, grieta infinita que atraviesa el revés del mundo, un gesto de insubordinación frente a la humanidad que crece a expensas de sí misma, un puente infinito hacia ese que no nos sabemos, desobediencia del significado, indiferencia del significante. Fuego y transmutación de la palabra.

 Rumor de fragua. Palabra ardida. Fuego de fuego, el clímax del poema.

Poesía como soplo de tormenta, hebras de aliento furtivas perseverando en el viento, Verbos que cortan el aire. Letra y vacío

Estirpe de alusiones, elusivo diseminarse de lo irrepresentable, la fuerza de la palabra poética es evocar  en su propia ausencia la ausencia de todo. Desde nada y desde nadie.

 Ingravidez de la palabra a puro vuelo

 La poesía es inasible, siempre inaugural, la del alba de todos los instantes, siempre naciente y nacida, un deslumbramiento ciego, la extinción de las cosas vistas, la intuición de lo nunca visto

Aliento enredado de auroras

La poesía es cada vez una sola vez el envío de su destino a la lengua

La perplejidad de estar alojado y desalojado, habitado y deshabitado, sumergido y expulsado, ni adentro ni afuera: el vivir lindante del poeta, alma desasida, solo verbo y lejanía, va quemando puentes tras de sí, desviviéndose sombra

Mientras el mundo nos contra–inicia, la poesía nos re-inicia. Vuelve por nosotros una y otra vez. Nos estrena los ojos

Mientras la palabra guarda las llaves de puertas derruidas, la poesía nos conecta con secretas cerraduras.

Es subversiva, muestra lo que permanece oculto en lo que se exhibe. Vértigo de la letra inadvertida que hace crujir todos los huesos del mundo, es un regreso fugaz de lo continuo, abre más la sed, la afirmación rotunda del gran Sí nietzscheano frente a todo lo que hay.

Poesía es hacer hablar todo y a la vez vaciar todo hablar en las cosas

Poesía y libertad se espejan. Poesía es la libertad de la transgresión del lenguaje. Libertad es la poesía de la existencia, la vida y la poesía comparten un mismo destino, el del siempre que vive de su nunca. La fatalidad del alma en suspenso.

Es la voz lo que se te ha confiado y no lo que ella dice. Entonces no eres tú quien habla cuando hablas

Abandonamos lo poético cuando no dejamos abierta la pregunta del poema, el enigma de lo que no representa, de lo que no sabe

Y cuando me resulta extraña una palabra es entonces que ella adquiere sentido. Y cuando me resulta extraña la vida, entonces comienza

La poesía es como el rayo, una intervención brutal y súbita del cielo, que nunca se repite el mismo

La poesía nos permite sumergirnos en la ceremonia del mundo, no para transfigurar la realidad sino para mostrar su estado de transfiguración, su permanente hacerse de vuelta No somos  nosotros los que hacemos otras las cosas mediante la poesía sino que es el estado poético de las cosas lo que nos hace otros. Con la poesía saltamos no hacia otra cosa sino hacia un aquí mismo donde las cosas no significan lo ya dado sino la “otredad”. No vemos más allá sino que aún vemos más acá,  lo que nuestra mirada pasa por alto

La poesía como el mundo, es un aparecer constante pero no dicho, no dado, no sido. Es un continuo gestarse. Es desapalabrar el mundo y nombrarlo todo de nuevo


 2016