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9 - El presente eterno

Se vive urgido de cotidianidad, de normalidad, de una extrema cercanía con las cosas que impide salir de la mansa costumbre y percibir las figuras de las sombras que las mismas cosas proyectan, pero la misma vida de los hombres irradia hoy la sombra de lo intolerable de la banalidad cotidiana y la vergüenza de una vida ensimismada.

Está cercano el tiempo en que solo nos requerirá lo inexplicable

Una “modernidad cansada” que casi sin darse cuenta fue reconfigurada y redefinida, emergiendo en un nuevo relato global, que no solo se le propone sino que se le impone. El ser humano fue releído y re interpretado a sus espaldas y aparece mediado y sostenido por cualquier símbolo o representación ingenua de la vida que se le cruce

Polvo prendado de fantasmas. Tal es el hombre

El estado decreta nuestra exclusión si no repetimos las voces adecuadas, si no aceptamos la reproducción de la realidad que nos fue impuesta. Nuestra contemporaneidad, reino de la cantidad y de la evangelización consumista, de las emociones dormidas y las palabras cansadas, reino de la entropía, se acomoda en la sociedad, se hamaca en la indiferencia y esto lleva al hombre a no rebelarse, a no pensar, solo a negociar para seguir perteneciendo

Allí donde se produce el hundimiento de la realidad, acontece la máxima comprensión del hecho del mundo.

El mundo se convirtió en un “globo” habitado por seres homogéneamente reificados y hasta la palabra libertad no es más que el estuche de la necesidad. Aunque nos quedemos entre los espacios  mínimos del engranaje infinito del mundo, nos deslizamos en la positividad del sistema y seguimos en él, adaptados a sus derivas resguardados en lo conveniente      

Parte de la sociedad hoy actúa como un coro griego bastardo, observando la escena como si no fuera parte mientras la cantidad pontifica desde el vértice de la pirámide derramándose a la base, alienando la calidad e instalando la pertenencia. Buscamos la solidez en lo fantasmático, nuestra biografía es una base de datos, los códigos nos habitan y son la clave de entrada al desierto de sentido

Para “encajar” hay que extrañarse de mundo. La singularidad brilla siempre en la inconveniencia: vivir altera, no es la paz que nos venden.

La vida es el modo en que cada uno vive la inadecuación de sí.

La planetarización también comercia con las formas del alma que no logra sincronizar con el mundo. Solo sincroniza en ausencia. En esta civilización no son todos iguales, son igualados, almas disfrazadas de estar en el mundo. El shopping es la meca de lo Mismo. Las familias circulan sin saberse salvo en el milagroso improptu de la marca que los re-une fugazmente, mientras se abren paso entre los reptantes de vidrieras, los adoradores de prototipos de magazine, los místicos de las trendies. Almas que arden con make-up, tribus de afinidades electivas del merchandising glo-boba-lizado. La sociedad contemporánea es todo puntada, nada de hilo, sinónimo de autoestima prefabricada, emblema del hoy. El reloj cool de avant-garde  que no puede faltar hoy es el del tiempo de ceniza que dibuja todas las horas y no marca ninguna, el “eterno” presente. Este presente de hoy, absoluto y efímero, ha generado la reunión de todos los ritmos del mundo con un mismo leitmotiv. Este tiempo exige que el pensar se mire a sí mismo y sea capaz de percibir no al ser más allá del tiempo o fuera de todo tiempo sino a su estar- pasando hic et nunc. Si antes pensábamos la eternidad de la permanencia, hoy nos enfocamos en su inestabilidad. La temporalidad auténtica es el instante, un latido, un tiempo que renace cada vez

la llamarada reiniciada de un segundo


2016